Dos estrenos de este viernes

Por eso de motivos que escapan al control propio uno puede acabar viendo el mismo día dos películas tremendamente distintas entre sí. A veces es un compromiso con un amigo o familiar, otras simplemente es que no tienes nada más para ver y también puede ser que se estrenen el mismo día dos películas que te interesan y además seas muy amigo de hacer sesiones dobles (yo hace no tanto lo era). Y además es posible que lleguen el mismo día que un blockbuster del copón que pone en peligro su continuidad más allá de la primera semana en cartel (y eso si llegan a estrenarla, que yo aún espero el estreno en Bilbao de Battle Royale). Pues esos ingredientes se cumplen este próximo viernes 6 de marzo cuando además de la muy esperada Watchmen (que me da un miedo del copón por la incapacidad de Snyder para el desarrollo de personajes) también se estrenan Gran Torino y The Code, y como ya he visto ambas pues voy a comentarlas.

gran_torino_1El caso de Gran Torino es el de una película en práctica oposición con El Intercambio. Por un lado, se optaba por priorizar el perfeccionamiento de aspectos tangenciales (vestuario, ambientación, etc.) para luego contarnos una historia en exceso mecánica y que parecía el canto desesperado de Angelina Jolie por conseguir un segundo Óscar que sencillamente no merece. Por otro, una historia con menos elementos ornamentales en el que una aparente simpleza domina toda la función, pero a la vez consigue transmitir una mayor cercanía y credibilidad. Mucho han hablado algunos del limitado interés de lo que cuenta Gran Torino y la verdad es que por sí mismo puede que tengan razón, ya que a veces hay que situar la película en el contexto de la carrera de su realizador para ver si no deja de ser otra más o si tiene una importancia especial. Y Gran Torino la tiene, pues el personaje interpretado por el propio Eastwood echa sus raíces en el arquetipo de tipo duro que presidió su carrera por su caracterización como Harry el sucio. Pero son épocas distintas, tanto a nivel social como personal y ese es el contraste que refleja perfectamente la película. En este caso los ramalazos racistas (no recuerdo más risas en película alguna a raíz de ese tipo de comentarios) no son mas que una forma de delimitar su futura redención (básicamente lo que sucedía en la mucho menos laureada Mal Ejemplo) a la par que muestra una evolución en el mundo norteamericano, elemento al que seguramente deba la película su enorme éxito en la taquilla americana, ya que Gran Torino se ha convertido en su película más taquillera en aquellos lares. Por lo demás, se puede criticar lo previsible de la historia (cuando hay una redención de por medio es lo que sucede el 99,9% de las veces) y algún otro elemento adicional, pero sin duda merece mucho más la pena que El Intercambio.

Menos estimulante es lo que nos ofrece The Code, una película más dentro de la larga estirpe de aproximaciones a the_code_-_600robos sofisticados y/o imposibles. Siempre tuve una debilidad particular por ese tipo de historias, pero ha llegado un punto en el que los giros de guión son tan absurdos e irreales que uno solamente ha de plantearse qué narices se inventaran esta vez para la obligada sorpresa final (cuando no son varias y ya la credibilidad es algo propio de estúpidos ilusos). Recuerdo allá por el 2003 haber ido a ver al cine El Último Golpe y Confidence, dos más dentro del tema que defraudaban de forma notoria pese a contar con buenos actores (Gene Hackman en la primera y Dustin Hoffman en la segunda) y premisas interesantes. Sencillamente parece un género agotado, pero algunos nos empeñamos en esperar pequeñas alegrías como The Italian Job (también del 2003). Sin embargo, The Code no es una de esas escasas excepciones. Se establece el típico vínculo veterano-joven (aunque va a ser que Antonio Banderas ya no cuela demasiado en el segundo rol), la relación pasional que ciega al segundo y el robo ambicioso de un par de huevos de Fabergé valorados cada uno en 20 millones de dólares de nada. Lo típico, vamos. Por el camino, una trama que evoluciona de forma moderadamente entretenida (lo guapa que sale Radha Mitchell ayuda a distraer un poco las neuronas) hasta el twist. A partir de ahí el interés se descompone y uno está deseando que acabe de una vez y dejen de querer sorprendernos en vano. La presencia de otro actor contrastado (en este caso Morgan Freeman) lo único que hace es que uno se lamente más por la oportunidad desperdiciada. Habrá que esperar que la próxima sea la sorpresa agradable, porque yo al menos volveré a picar.

En definitiva, una buena película que ni mucho menos la enésima obra maestra de Clint Eastwood (que vale que es uno de los grandes, pero hasta ellos hacen películas simplemente buenas y/o menores o incluso malas), pero que realmente merece la pena y una nueva muestra del simpático cine de grandes robos pero sin ningún elemento adicional que le haga despuntar sobre la mediocridad. Allá vosotros, yo como ya las he visto no hay duda de que toca ver Watchmen, ¿nuevo destrozo o sorpresa milagrosa? Veremos. Y sino siempre me quedará Más allá de los sueños, que aunque no le tengo especial aprecio a Adam Sandler esta vez parece que puede salir algo entretenido.