Sesión doble: Te quiero, tio + Radio encubierta
Como ando apurado de tiempo estos días he optado por recuperar nuevamente el mezclar el comentario de varias películas en un único escrito. Afortunadamente, esta vez se puede trazar una relación más aceptable entre ellas que el “es que las he visto hace poco” y es que tanto Te quiero, tío (aún estoy por conocer a alguien que no haga una broma instantáneamente después de oír el título) como Radio encubierta optan por un cóctel de géneros con un poco de drama, algo de nostalgia, luego vendría la carga romántica y por último un notable uso de la comedia. Sin embargo, optan por agitarlo de diversa forma, así que aún vago y escaso de tiempo será mejor hablar de cada una por sí misma.
Imagino que todo el mundo se habrá parado alguna vez a pensar lo difícil que es encontrar una historia de ficción en la que la carga romántica no tenga un peso esencial en el relato. Da igual que haya una guerra, una invasión alienígena, un despido o sencillamente sea una persona cuya aburrida vida cambia de la noche a la mañana, pues el amor sigue siendo el eje de todo. A veces, esto deriva en las dificultades afecto entre padre e hijo (o familiares de otra índole), pero uno de los temas más inexplorados es el del amor (úsese si se considera excesivo utilizar esa) por los amigos. Cierto es que la factoría Apatow, de la que hasta cierto punto es deudora Te quiero, tío, ha incidido en ello en películas como Supersalidos o Pineapple Express (me niego a usar su título en España, por si no la ubicáis por el original decir que se parece mucho a su compañera de baile), pero obviaban el surgimiento de la propia amistad y se limitaban a ponerla a prueba en un momento especialmente complicado. Ese no es el caso de Te quiero, tío, ya que el eje de la película son las dificultades de su protagonista para trabar amistad con los hombres. Eso es algo que a él realmente no le molesta, pero un buen día oye a las amigas de su prometida comentar lo raro que ese situación y decide emprender la difícil búsqueda de un amigo de verdad. Tras múltiples y desastrosas citas a ciegas conoce casi por casualidad a Sydney Fife, una persona con una muy particular visión de la vida con la cual conecta a las mil maravillas. Todo parecen alegrías y mejoras en su vida, pero ¿qué sería de una relación amorosa sin su crisis de rigor?
Uno de los principales aciertos de la película es la gran química que se consigue entre los dos protagonistas: Peter Klaven, el apático de forma encantadora Paul Rudd, y Sidney Fife, el inmaduro de comportamiento especial Jason Segel. Fruto del contraste de personalidades surgen los mejores momentos de la película, ya que la actitud libertina del segundo choca con lo políticamente correcto del primero. Uno de los momentos que mejor concretan este aspecto es el brindis que Sidney ofrece en honor de Peter y su prometida. Además, la película cuenta con un eficiente apartado de secundarios, desde lo curioso que resulta ver a Rashida Jones (Karen en The Office por si alguien no la ubica por el nombre) teniendo celos del nuevo mejor amigo de su prometido, Jon Favreau como cascarrabias maleducado (aunque si a uno le vomitan encima algo de derecho a serlo ya tiene) cuya mujer con la que discute continuamente para luego resolver sus problemas con alguna perversión sexual está interpretada por una Jaime Pressly en un papel que vendría casi a ser la cara opuesta de la moneda de su Joy en Me llamo Earl o Lou Ferrigno haciendo de sí mismo y soportando varias bromas sobre su antiguo rol como Hulk en la serie televisiva de finales de los 70. Cierto que este último caso no deja de ser un recurso fácil, pero es fácilmente perdonable sí está bien aprovechado y ese el caso. Que nadie espere encontrarse una elaboradísima reflexión sobre los mecanismos de la amistad o algo por el estilo, porque lo que Te quiero, tío ofrece es una comedia romántica a la inversa en la que el amigo rarito no es alguien que aparece de cuando en cuando para añadir algo de mordiente a la cansina relación de amor, sino que es la relación de pareja la que queda de lado, pero no sus recursos habituales. Y esos recursos bien reutilizados pueden llegar a ser una mina de oro del entretenimiento y el humor.
Por su parte, Radio encubierta opta por contarnos una historia iniciática, tanto a nivel profesional como sexual de
un joven. Como esa es una historia ya muy vista se opta por situarlo en un contexto la mar de inusual: Inglaterra hace no tantas décadas ejercía un férreo control sobre las diversas formas audiovisuales. Por ejemplo, hubo películas que estuvieron directamente prohibidas durante muchos años, pero el caso que nos ocupa es el de la música. A finales de los años 60 sí uno quería escuchar la revolucionaría música pop/rock sólo podía encontrar una mísera cantidad dentro de las emisoras aprobadas por el gobierno, por lo cual surgieron diferentes radios piratas, una de las más importantes responde al nombre de Radio Rock, con la pequeña particularidad de que transmite desde un barco en alta mar para así poder eludir la ley inglesa (claro que, como se dice en la película, el poder de gobernar es el de hacer ilegal aquello que no guste a los que están en el poder). Como era lógico esperar, el barco es un lugar en el que cohabitan diversas formas de ver el mundo pero con una pasión común y a lo largo de más de dos horas de película veremos sexo, amor, traiciones, desafíos, intriga, nostalgia y, sobre todo, un desbordante amor por la música. Un todo en uno la mar de suculento.
Por mucho que la anterior película de Richard Curtis, director de la película, sea la aún recordada Love Actually la verdad es que la promoción al respecto con el estreno de Radio encubierta ha brillado por su ausencia al menos aquí en España. Cierto es que temáticamente la película se aleja bastante de aquella, pero por tono e intenciones se nota claramente que la misma persona anda por detrás. En este caso las múltiples historias se reconcentran en un mismo espacio, pero todos tienen su pequeña cuota de subtrama para que de una forma u otra haya alguna que toque la fibra sensible del espectador y tener por seguro que Radio encubierta lo consigue. Para ello, quizá en un emparejamiento un tanto exagerado por mi parte, además de Love Actually puede decirse que su otra película modelo es la estupenda Casi famosos (¿Qué pacto con el diablo haría Cameron Crowe para que le saliese esa tan bien y el resto de su filmografía…. bueno, ahí está?), también con la música y una historia iniciática como principal eje. Agitamos el cóctel, lo mezclamos con un estupendo y ecléctico reparto (De Philip Seymour Hoffman a Bill Nighy pasando por un Rhys Ifans que vuelve a tener gracia y carisma o un Kenneth Branagh en un personaje muy hitleriano. Todos superlativos), una impecable selección de canciones y un poquitín de sentimentalismo de barato (un muchitín en sus 15 minutos finales, eso sí) y nos queda Radio encubierta.
Si por alguna remota casualidad alguien sigue leyendo comentar que Radio encubierta se estrena este mismo viernes 29 de mayo, pero que para la llegada a nuestros cines de Te quiero, tio habrá que esperar al 12 de junio. Por mi parte, citaré muy cutremente cierta frase del mundo de la farándula española… Si me queréis, iros… a verlas.



Radio encubierta va a ser la PELI TAPADA DEL AÑO
Ey, que Singles tenía mucho encanto también, con una de las mejores bandas sonoras que imaginar se puedan.