Transformers 2: La venganza de los caídos

cartelEl prototipo de película de verano es algo muy del gusto de algunos y profundamente odiado por otros. La mezcla habitual es unir un guión de profundidad limitada (por no decir que la existencia de un guión es porque hace falta contar algo por estúpido que sea) con un uso desorbitado de los efectos especiales para que el público flipe con los adelantos tecnológicos. De cuando en cuando sale algo que se preocupa también por la historia (véase el caso de El caballero oscuro el verano pasado), pero lo habitual no es eso. Este verano cinematográfico del 2009 (ya sé que el periodo estival no ha empezado oficialmente, pero eso no importa en el mundo del cine) ya nos ha traído ejemplos como la vulgar Lobezno o la hiperentretenida Star Trek. La cuestión es ¿qué hace que una película con estas condiciones pueda salir buena (y aquí acepto todos los matices que se quieran poner salvo la sustitución de la palabra por otra más indefinida) o una mierda insufrible? ¿La saturación total de efectos especiales y escenas “molonas”? ¿El acertado uso de los tópicos (raro es la cinta de este estilo que no los abraza abiertamente) para crear un divertimento facilón? ¿Nada lo consigue y simplemente es que uno se lo llega a pasar bien por algunas por mera casualidad? No seré yo el que desvele ese gran misterio (para empezar porque de saberlo con garantías fijo que me pagaban un dineral por la información), sino que simplemente llega el momento de comentar Transformers 2, el gran blockbuster de la temporada que se estrena estos días para alborozo de algunos y alergia neuronal de otros. ¿Ha salido buena o mala? La respuesta a continuación.

La vida de Sam Witwicky ha cambiado bastante desde que salvase a nuestro planeta de la amenaza decepticon con la destrucción del cubo de la chispa vital (por mucho tiempo que pase el uso de esos términos sigue resultando enormemente ridículo). El simpático pringado de antaño ha dejado paso a un adolescente capaz de mantener interesada a la típica tía buena que tiene como novia (y es que Megan Fox interpretativamente no da mucho de sí), a punto de empezar la universidad y con una vida la mar de agradable. Pero todo lo bueno debe desaparecer en una película de estas características y he aquí que los decepticon reaparecen para conseguir la resurrección de Megatron primero y después para intentar el alzamiento de una especie de transformer legendario con el que proceder a conquistar el mundo y el universo ya de paso. Entre medias, Sam llega a su universidad, conoce a su compañero de cuarto, surgen los tan cansinos como típicos problemas de pareja con Mikaela y entra en contacto con fragmento del cubo de la primera parte que le hace ver cosas muy raras y escribir en un idioma desconocido. No hace falta ser un genio para deducir que pronto empezarán las peleas entre robots gigantescos, explosiones por doquier, persecuciones, chistes de dudosa comicidad, es decir, todo lo que ya vimos en la primera entrega, pero duplicándolo, triplicándolo o lo que proceda. La cuestión es superar al original por el camino de la saturación. ¿Lo consigue? Sí y no.

buuumUna de las grandes críticas que ha tenido que soportar Michael Bay es su terrible obsesión por los efectos especiales, llegando a burlarse él mismo de esta condición en un delirante spot televisivo (1). El problema, y es algo de lo que he leído al propio Bay quejarse, es que las dificultades para poner en pie una producción de este calibre con todas las presiones que surgen a tu alrededor, la apretadísima agenda para llegar a una fecha de estreno prefijada con demasiada anterioridad y las limitaciones que impone la inserción a posteriori de los innumerables efectos especiales (los cuales, creedme, son muchísimos en Transformers 2) entre otros muchos aspectos son cosas que sencillamente se obvian acudiendo a ese maravilloso tópico que todos hemos usado alguna vez: “Es que el guión es una mierda”. La cuestión es que, hasta determinado punto, esa afirmación suele ser (relativamente) cierta, pero aquí surge la escasez de miras a la hora de juzgar las películas y es que uno no puede esperar lo mismo de una película de “autor” (entrecomillemos mucho ese detalle, porque dentro de esa corriente uno también ha de estar preparado para casi cualquier cosa) que de un producto 100% palomitero y tan malo es no saber disfrutar de lo que ofrece lo primero como de lo que sabes que vas a encontrar en un mastodonte visual como Transformers 2.

El primer detalle sobre el trabajo de Bay en esta película es que ha aplicado la misma regla que en Dos policías rebeldes 2, es decir, intentar dejar en el más absoluto de los ridículos a la primera entrega optando por un tono photo_25_hiresexcesivo, una duración desmesurada y, sobre todo, un intento de creación de una orgía visual como nunca antes uno haya visto. La primera dificultad es que para los movimientos de cámara molones se ha de tener en cuenta la inclusión posterior de los transformers, con lo cual las filigranas visuales de Dos policías rebeldes 2 se mantienen como la cima (por entenderlo de alguna manera) de la carrera de Bay (lo cual no quiere decir que Transformers 2 sea una cinta pausada, ni mucho menos). Sencillamente, Bay parece emperrado en dejar en ridículas esos fatuas declaraciones suyas sobre la posibilidad de hacer una película de corte más intimista y es que lo suyo es lo exagerado, acelerado e hiperbólico. Y eso es en lo que su trabajo de puesta en escena se centra. A su vez, si de paso se cuentan con unos efectos de sonido capaz de ensordecer tanto a la sala como a los propios personajes de la película (hay diversos momentos que, de verse la película en versión original, aparecen los subtítulos pero uno es incapaz de oír a los personajes) mejor. Además, si algo es innegable es que Bay ha salido triunfador en el declarado duelo de virilidades promovido por McG (el cual literalmente llegó a solicitar comparar en público el tamaño de su, ejem, “masculinidad”), porque por mucho que el director de las horribles dos entregas de Los ángeles de Charlie siempre estará a años luz del maestro actual de este tipo de cine.

Uno de los detalles más olvidados (y, generalmente, olvidables) de una película como ésta es su guión y aunque detrás de él se encuentran Roberto Orci y Alex Kurtzman, la pareja de moda del mundillo (también anda por ahí Ehren Kruger, que estuvo fugazmente de moda tras el estreno de Arlington road) y vinculados al cine de Bay desde la injustamente menospreciada La Isla (el otro gran eje de su carrera es el sobrevalorado J.J. Abrams), el bagaje no puede decirse que sea muy destacable. Y es que la historia vuelve a optar por la vía de la simplonería siendo el mayor de los cambios uno de los más graves errores de la película: La evolución del personaje de Shia LaBeouf, el cual deja completamente atrás su faceta su simpático desastre en beneficio de un rol más ambicioso y adulto. Dada las limitadas capacidades interpretativas del protagonista de Disturbia lo que queda claro es que u opta por la vía del encasillamiento o pronto perderá la gracia del público, y es que alejado de la faceta que le hizo sobresalir no resulta convincente. Más allá de este detalle, el guión reincide en los postulados de la primera entrega siendo la otra gran diferencia un factor exógeno a su trabajo: El propio Michael Bay reconoce su debilidad por improvisar muchos elementos cómicos a lo largo del rodaje (lo cual parece horrorizó un pelin a Steven Spielberg, productor ejecutivo de ambas entregas, en la primera parte) y en la segunda hay un elemento recurrente cuya importancia se reduce considerablemente: Los chascarrillos de los transformer en plena batalla. Por lo demás sorpresas que no lo son para nada, amenaza simple y fácil de entender, el típico problema en la relación entre los protagonistas (y es que ya que no pueden enseñarles follando como conejos por eso de ser una película para toda la familia pues algo hay que hacer para tenerlos juntos) y una multitud de lugares comunes. Y es que si se quiere destrozar la película por esta vía la verdad es que los detractores lo tienen muy sencillo.

No obstante, ya que uno de los alicientes centrales de una buena película es mejor dejarlo un poco de lado para poder disfrutar de la función, mejor centrarse en el gran protagonista de la película: Los espeluztaculares efectos especiales. Y es que en poco tiempo se ha podido mejorar sobremanera las posibilidades, en especial lo referente a la expresividad de los transformer, lo cuál ha permitido su inclusión en escenas mucho más variadas que su antecesora. La ampliación photo_03_hiresde su número también permite una mayor versatilidad y la creación de alguno con fínes claramente cómicos como el caso del transformer con cachava (todo un acierto) o el mini-decepticon que atrapa Mikaela. Seguramente esa mayor cantidad de transformer es uno de los hechos por los que se han reducido considerablemente las acotaciones cómicas durante las peleas y es que al no tener que usar a los mismos personajes para todo (una queja que hubo sobre la primera entrega es que no aparecían suficientes transformers) se puede delimitar más claramente su función en la película. No obstante, esa ventaja añadida no es aprovechada todo lo bien que debería por la película al surgir las consecuencias del efecto saturación: Las cosas pueden estar bien hechas, pero en dosis desmesuradas llega un punto en el que el espectador se cansa y desconecta a ratos de la acción de la película. Y es que más no equivale necesariamente a mejor.

En el reparto se ha optado por un necesario continuismo respecto a la primera entrega (no sé vosotros, pero yo odio photo_20_hiresque de repente un personaje pase a ser interpretado por otro sea cual sea el motivo que lo cause). Ya he comentado la errónea transformación del personaje de Sam Witwicky y los motivos del mismo. No obstante, aún más grave resulta el caso de Megan Fox y no porque su papel haya cambiado, sino porque ha sido simplificado a la mínima expresión: Novia buenorra que no aporta nada más que su físico superlativo (aunque parece ser que Bay la exigió que ganase unos kilitos para la ocasión. Al menos no es el falso atractivo (semi)anoréxico tan de moda, algo es algo). Para incidir más en esa sensación de personaje fuera de sitio ayuda sobremanera dos detalles: El primero un comentario cómico de uno de los transformer en miniatura y otro el abuso desmesurado de los planos a cámara lenta en determinadas fases de la película para facilitar las prácticas onanistas de ciertos espectadores y es que se ve que las tetas de Megan Fox botan tan bien que había que incidir en ello de forma desvergonzada con planos a lo vigilantes de la playa. Al menos en este caso ya han asumido de entrada que lo que es interpretar no es algo en lo que realmente luzca la chica.

No obstante, el hueco cómico dejado por la evolución del protagonista no quiere decir que el toque de humor disminuya en esta segunda entrega (el más y mejor se aplica a todo). El primer detalle es fortalecer la carga cómica de los padres del protagonista, ya que ésta vez el humor no orbita alrededor de ellos (la estupenda secuencia en el jardín de la primera con los transformer ocultándose), sino que son aprovechados con tal fin (sin duda la llegada a la universidad con sus padres es el único momento en el que nos reencontramos con ese Shia pringadete que tanto nos gusta a algunos). Sin embargo, pronto ceden el relevo a Ramon Rodriguez (van ambos sin tilde, que no es que se me transformers2pic11haya olvidado de nombre el escribir correctamente), el cual interpreta a Leo, un loco de la informática obsesionado con la supuesta (es sabido que los medios de comunicación manipulan todas las noticias incómodas) guerra robótica acaecida años atrás y que curiosamente es el compañero de habitación del protagonista. Está bastante correcto en un papel que básicamente depende del nivel (muy irregular) de las gracias con las que cuenta, además de quedar totalmente claro que su cometido en la película es hacer que lo que Shia en la primera. Por último pero no menos importante, John Turturro reaparece en escena con un personaje mucho más desatado que en la primera parte con la intención de unir lo cómico y lo penoso (ese momento en el que se erige como el que más “cacho” muestra de todo el reparto y es que Bay parece empeñado en mostrarle en paños menores como ya hizo en la primera parte). Sin duda es un trabajo por el generoso cheque y está capacitado para películas más artísticas, pero aquí está perfecto en su papel. De todas formas, si algo conviene acotar es que el humor de Transformers 2 resulta menos efectivo que el de su predecesora donde escenas como la de los transformers ocultándose en el jardín o el momento “ Los niveles de feromonas del chico indican que quiere aparearse con la hembra” y la posterior reacción del protagonista son oro puro.

photo_19_hiresEn lo concerniente al resto de personajes la verdad es que no hay mucha tela que cortar: La supuesta nueva bomba para adolescentes pajilleros que es como quieren vendernos a Isabel Lucas, la cual no aparece en escena más de cinco minutos en un personaje muy robótico. El cuantioso aumento de importancia de la presencia de Glenn Morshower (al que siempre recordaré por su Aaron Pierce de la genial teleserie 24), el cual podría decirse que hacía un cameo (eso sería si fuese alguien famoso, claro) en la primera entrega y aquí no sólo ostenta un alto cargo militar sino que Bay se concede el capricho de darle el mismo apellido al personaje (algo que no pasaba en Transformers). También gana peso (a la par que marginan totalmente la paternidad con la que se nos introducía al personaje en la primera parte) Josh Duhamel, mezcla de los arquetipos de tio buenorro y militar enrollado con la que el protagonista de Las Vegas sabe cumplir a la perfección. Por último destacar la breve aparición de Rainn Wilson como un profesor universitario con unos métodos más cercanos a la seducción de bellas mujeres que a realmente dar clase. Tan escaso como cachondo.

En definitiva, uno puede esperar lo que le apetezca de Transformers 2, pero lo que realmente se va a encontrar es una película que coge a su antecesora e intenta multiplicar por mil lo que tanto gustó al público en aquella (y es que nunca está de más recordar que recaudó más de 700 millones de dólares a lo largo del mundo, cifra que previsiblemente será superada por esta secuela. Incluso hay quien dice que será la quinta película en superar los 1.000 millones de recaudación mundial y por ahora ha empezado muy bien al batir el récord de película más taquillera durante un miercoles (2)). El problema es que no todo eran virtudes y los errores no se libran de la fórmula “cuanto más mejor” aplicada para la ocasión. Así pues, el resultado es un muy disfrutable entretenimiento de verano como ya lo fue la primera entrega, lo cual ya debería ser suficiente.

(1) El anuncio puede verse aquí: http://www.youtube.com/watch?v=lXRCf9LbLM0. Asu vez, en relación con lo comentado aunque no dedicado en exclusiva a Bay, recomiendo con fervor el visionado de este fragmento de un episodio de South Park: http://www.southparkstudios.com/clips/155700.

(2) Y es que en el mundo de las recaudaciones se establecen récords de los más absurdo a modo de exagerar los logros de una película, pero bueno, que esta vez han sido 60 millones de dólares recaudados en un único día (y 200 millones en su primer fin de semana de exhibición en USA), claro que esa cifra de absurdo tiene bien poco.