SUPER8: Un clásico desde la noche de su estreno

Acabo de llegar a casa de ver SUPER8, la nueva película de JJ Abrams, producida por Steven Spielberg y que tiene un regusto maravilloso a aquellas películas míticas de los 80 que nos hicieron vibrar (a los que tenemos edad) de niños.

 

Puede que me gane muchas críticas, pero yo pongo esta SUPER8 a la altura de películas como E.T. o LOS GOONIES, ¿el motivo? Me ha dejado la misma sensación después de verla que me dejaron aquellas, he vuelto a ser un niño de 8 años con un nudo en el estómago  que no podía creer lo que estaba viviendo (sí, digo bien, viviendo, no solo viendo).

 

El argumento es, en principio, sencillo.

Ohio, 1979. Un grupo de seis niños pretende hacer una película casera de zombies con una cámara Super 8. Una noche en que filman una escena en una estación de trenes en el campo, un tren se aproxima desde la lejanía. Y de forma totalmente imprevista, llega un coche y su conductor aparca en mitad de las vías, haciendo que el tren entero descarrile y se haga pedazos. Los muchachos no sufren daño alguno, pero tras varios días, al revelar la película, se dan cuenta que no ha sido un simple accidente: de entre uno de los vagones de carga desplomados emerge algo sorprendente.

 

El pueblo será ocupado por fuerzas militares que vigilarán las calles, las afueras y los restos del desastre sin revelar qué es lo que buscan. Fenómenos extraños ocurren cada día, y el grupo de amigos, y su bendita curiosidad pre-adolescente, los lleva más lejos de lo que podrían imaginar.

 

El guión de JJ Abrams y Steven Spielberg va creciendo de manera exponencial, se comienza con un planteamiento sencillo y se va desarrollando de manera dinámica con el descubrimiento de los personajes, la relación existente entre ellos y los fenómenos extraños de fondo. La tela tejida en torno al accidente se convierte en una maraña que atrapa al espectador desde el primer cuarto de hora y lo mete de lleno en la acción, dejándolo de improviso en medio de un maravilloso misterio que se va desvelando paulatinamente y, aunque las motivaciones pueden parecer algo “previsibles” (uno tiene ya el culo pelao de ver ciencia ficción), bien es verdad que el desarrollo no es para nada el típico.

 

Recuerda mucho al E.T. de Spielberg, el mismo director ha reconocido que es de cierta forma un homenaje a E.T ya que partes del guion están inspiradas en ideas que nunca fueron usadas en su momento y que han sido desarrolladas en esta película.

Especial atención a los jovencitos Joel Courtney (Joe Lamb), Riley Griffiths (Charles), Ryan Lee (Cary) y la sorprendente Elle Fanning (Alice Dainard), que copan pantalla, sobre todo Joel Courtney, con una sorprendente facilidad a pesar de su juventud, ganándole la partida a sus mayores a lo largo de todo el metraje.

 

La ambientación a mediados de los 70 es uno de los puntos fuertes, le da un regustillo nostálgico que se convierte en un personaje más; la cuidada fotografía, y el manejo equilibrado de planos “cámara al hombro” con planos abiertos y travelings imposibles dan una sensación de dinamismo muy bueno, todo amenizado por una grandísima partitura de Michael Giacchino que lo ha vuelto a hacer, ha vuelto a conseguir darle una profundidad increíble con su música a cada minuto de metraje, superando los mejores momentos dramáticos conseguidos con LOST.

 

Como curiosidad decir que durante los créditos finales es mostrada la película en la que estaba trabajando Charles y sus amigos, titulada The Case, con un epílogo en el que Charles pide a los jueces del festival de cine que seleccionen su película, despues el es atacado por un zombie, interpretado por Alice.

 

En resumen, un clásico con sabor al mejor Spielberg que no dejará indiferente a nadie, una magnífica película atemporal que recordaremos después de varias décadas.