SITGES 2011 – DÍA 6: JORNADA DE REGRESOS

Ayer era un día esperado por muchos, el desembarco en el festival de dos pesos pesados: Lars Von Trier y Francis Ford Coppola. Y ambos retornos se han saldado con opiniones muy dispares.

Empezamos con el director danés y su “Melancholia”; una historia con todas las constantes de su autor (personajes viscerales, una trama de cocción lenta que va ganando en intensidad, pesimismo a flor de piel…) pero combinados de una manera que, para el público no habitual de su cine, puede resultar algo más accesible. La película se divide en dos partes, la primera centrada en el personaje de Kirsten Dunst y su ostentosa boda y, la segunda, más focalizada en Charlotte Gainsbourg, su hermana, que vive obsesionada con Melancholia, un nuevo planeta que amenaza con colisionar con el nuestro.

Bajo este esquema, Lars Von Trier vuelve a demostrar su pictórico talento tras la cámara (el prólogo y, sobre todo, su impresionante plano final con la música de Wagner son de una belleza incuestionable) y su habilidad para escarbar en las miserias humanas y en la insatisfacción. Pero en esta ocasión, el resultado no es tan perturbador como cabía esperar. Se echa en falta la garra y el poder de conmoción de sus obras anteriores, lo que no quita para que, una vez más, nos encontremos ante una película estimulante y formalmente hipnótica.

 

Peor parado ha salido Francis Ford Coppola y su “Twixt”. La historia de un escritor en crisis que, durante sus sueños, se adentra en el misterioso pasado del pueblo al que ha llegado, no funciona ni cómo cuento gótico de terror ni tampoco como la parodia que (a ratos) pretende ser.

Sólo un competente Val Kilmer (la secuencia en la que se bloquea ante la temida página en blanco es lo único decente de la película) y una turbadora Elle Fanning destacan en una cinta fallida de principio a fin y que, para colmo de males, cuenta con el 3D más innecesario jamás empleado (se limita a unos 10 minutos de metraje, que son indicados con la aparición de unas gafas en la pantalla). Una decepción con mayúsculas.

 

Otro regreso también muy esperado era el de Lucky Mckee, autor de esa apasionante rareza titulada “May”, que esta vez volvía a Sitges con uno de los títulos más polémicos de esta edición: “The Woman”. La cinta narra el día a día de una familia (aparentemente) modélica y de su (machista) patriarca. Un buen día, éste encuentra a una mujer salvaje, criada en el bosque y, con la intención de educarla y “civilizarla”, decide encerrarla y atarla en su sótano.

Lo que viene a continuación es un auténtico festín de sangre, vísceras y, sobre todo, humor negrísimo. De hecho, en ocasiones y, salvando las muchas distancias, puede recordar a “Canino”, otro malsano retrato de familia visto en Sitges hace unos años. La gente que abarrotaba el Auditori, y que estas alturas ya andaba con ganas de algo más sangriento y transgresor, aplaudió a rabiar por lo que no sería extraño que la película se alce con el premio del público. Con permiso de “Attack the Block”, claro.

 

Más indiferente resultó ser “Emergo”, título español dirigido por Carles Torrens y escrito y producido por Rodrigo Cortés (“Buried”). La trama sigue a unos parapsicólogos que llegan a una casa donde una familia está sufriendo el asedio de todo tipo de fenómenos paranormales.

Aunque dirigida con pulso y efectividad (el clímax final, por ejemplo), la película es un título más en la estela de “Paranormal Activity”, que poco aporta a un subgénero ya muy trillado y que carece de factor sorpresa tanto en lo visual (a nadie le sorprende ya el uso de cámaras de vídeo) como en lo argumental (esta historia ya nos la han contado otras veces y mucho mejor).