SITGES 2011 – DÍA 7: LA REVÁLIDA DE MAURY/BUSTILLO Y VIGALONDO
Hace ya cuatro años, Julien Maury y Alexandre Bustillo, dos freaks del cine de terror que unieron fuerzas y talento para realizar su ópera prima, dejaron a Sitges en shock con la mejor película de terror de los últimos años: “À L’Intérieur” (Inside). Repetir ese éxito era casi imposible por lo que convenía acercarse a su nueva película con las expectativas bajo control.
“Livide” es el título de este segundo trabajo, una cinta muy alejada de la anterior, que cuenta la historia de Lucie, una enfermera en prácticas, que junto a su novio y al hermano de éste, decide entrar en la casa de una anciana a la que asiste para hallar el supuesto tesoro que esconde.
Este argumento depara un cuento gótico de terror con tintes vampíricos, una nueva muestra del buen gusto de sus autores para la puesta en escena y su habilidad para jugar con el suspense y la expectación. Claro que el resultado no es, ni de lejos, tan turbador ni angustioso como el de su debut. Y ése es el principal problema de “Livide”: que no da miedo. Algo imperdonable para una película de terror y más viniendo de estos prometedores enfants terribles.
Otro que se revalida en el festival es Nacho Vigalondo. Después de su estupenda “Los Cronocrímenes”, le toca el turno a “Extraterrestre”, la peripecia de Julia y Julio, dos jóvenes que tras pasar la noche juntos y despertar en casa de ella, descubren que ha tenido lugar una invasión extraterrestre.
Con este punto de partida -de nuevo un macguffin para ahondar en otros temas-, Vigalondo construye una comedia romántica low cost, sencilla, pero muy divertida y que siempre se esfuerza por ser original (los gags de Carlos Areces son antológicos) e ir a la contra de lo esperado (el final).
Aunque sigue teniendo los defectos que ya lastraban un poco su primer trabajo (ritmo narrativo desigual, un personaje femenino más esbozado que desarrollado…), es una película mucho más redonda y mejor dirigida. La naturalidad y comicidad de Julián Villagrán y su reflexión final acerca del amor hacen que el conjunto suba enteros y termine siendo de lo más recomendable.
Igual de recomendable es “The Raid” de Gareth Huw Evans, una de esas películas cien por cien Sitges en las que la proyección se convierte en un auténtica catarsis colectiva, con aplausos y vítores continuos. Cruda e híper violenta, narra la misión de un grupo de fuerzas especiales que se adentra en el edificio que sirve de refugio a los criminales más peligrosos de Indonesia.
Con un diseño de secuencias de acción y una colección de coreografías/peleas que dejan boquiabierto, es una propuesta tan honesta como entretenida que hará las delicias de los aficionados a este género. Hasta un servidor, novato en el tema, ya está deseando seguirle la pista a Iko Uwais, su carismático (e incombustible) protagonista.
En el lado opuesto encontramos “Sleeping Beauty” de Julia Leigh, una prescindible cinta presentada en la sección oficial a competición tras su paso por Cannes y presentada por Jane Campion (“El Piano”).
La cinta parte de una premisa muy prometedora (una joven que ejerce la prostitución acepta un nuevo trato: beber una infusión que la dormirá durante unas horas y en las que nunca sabrá qué ha pasado), pero tarda muchísimo en explotar ese punto de partida y nunca llega a sorprender del todo.
Al acabar la proyección, uno tampoco tiene muy claro qué quería contar la directora y, lo que es peor, qué le ocurre a su personaje protagonista, una joven de la que nunca llegamos a saber gran cosa y cuyas acciones tan sólo resultan crípticas e incomprensibles.



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