La boda de mi mejor amiga

Hay cosas que está muy mal decirlas aunque uno realmente piense eso. Es lo que tiene una época marcada por lo políticamente correcto en la que te llueven las críticas por decir cosas como que hay más cómicos masculinos graciosos que chicas. Hala, ya lo he dicho tras habérselo oído decir repetidas veces a un amigo mío. Quizá sea que en las comedias suele haber mejores papeles reservados para los chicos y las mujeres tienen menos oportunidades (o están mucho más centradoa en películas mucho más románticas que de humor), pero no quiero caer en el cansino debate de la discriminación por sexos. Es por ello que hay que celebrar especialmente la aparición de una película como La Boda de mi Mejor Amiga.

Podría decirse que la premisa de la película es el reverso femenino de Resacón en Las Vegas: Lilian va a casarse y Annie, su mejor amiga y también una chica soltera que ya ha pasado la treintena y anda algo escasa de dinero, tiene que enfrentarse al hecho de que otra amiga suya la hace constantemente de menos en todo lo relacionado con la boda. Además, la vida de Annie no dejará de empeorar, ya sea por la pérdida de su trabajo, que su follamigo la trate como un trapo sucio o el hecho de tener que volverse a vivir con su madre. Y además, la boda de Lilian cada vez está más cerca y los preparativos de la misma también la van a traer por el camino de la amargura.

Lo primero que hay que destacar es que La Boda de mi Mejor Amiga es que es una película muy divertida sin limitarse a ser una sucesión de gags sin mucho fundamento. Aquí prima una historia que roza lo deprimente en multitud de ocasiones, algo muy característico de la mayoría de producciones de la factoria Apatow. No obstante, los elementos que pueden inducir a la reflexión son abordados con una finalidad cómica. Vamos, que en la películas encontramos muchas situaciones que podrían aparecer perfectamente en un dramón de mucho cuidado, pero vamos a reirnos con ellas.

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