De ogros verdes y juguetes de antaño

El cine de animación siempre ha contado con el estigma de estar considerado básicamente para niños y que, por muy buena que fuese la película, siempre estaría por debajo del cine para adultos. El primer gran paso para ir superando eso fue el premio que obtuvo La princesa Mononoke en el festival de Berlín y más adelante el relativo éxito (en el fondo no era más que una reafirmación de la negación de estar al nivel del cine en acción real) de la aparición del Óscar a la mejor película de animación. No obstante, el problema es que mucha gente sigue viendo este cine como algo inferior por naturaleza, como una amistad de infancia con la que puedes mantener el contacto pero que no tiene nada que hacer en la comparación con tus amigos actuales. Es decir, estas películas tuvieron su momento vital y ahora hay que pasar página a la vida de verdad.

Ese punto de vista resulta un poco deprimente y que parece una forma de negar que nuestro yo del pasado sigue formando parte de nosotros. Sin embargo, aceptemos por un momento esa premisa para hablar de Toy Story 3 y Shrek, felices para siempre, no porque uno opine lo mismo sobre el cine de animación que muchos amargados, sino porque realmente pertenecen a sagas que ya habían quedado atrás. La primera porque han tenido que pasar más de 10 años desde el estreno de Toy Story 2 y la segunda porque prácticamente todo el mundo acabó cansado del ogro verde con Shrek tercero. ¿Qué serían entonces estas nuevas entregas? Pues amigos de nuestro pasado con los que habíamos perdido el contacto y de repente volvemos a encontrarnos con ellos. ¿Cuál será nuestra reacción? Primero tocará ponerse al día con la historia de nuestras vidas…

Lee el resto de esta entrada »