El regreso de la gallina de la caspa de oro

Mucha gente suele acudir a tópicos (parcialmente) ciertos a la hora de criticar el cine español. Que si siempre trata los mismos temas, que si nunca hay cambios de estilo interesantes. El problema es que luego películas que se salen de esas normas fracasan de forma estrepitosa (aún duele el reciente fiasco de la estupenda Secuestrados) y, en el fondo, queda la sensación de que el público general al oír hablar del cine español suele dar su beneplácito a las cintas que apuestan por el humor chusco como Fuga de cerebros (de la que ya está en marcha una secuela). Y en esa línea el mejor exponente que ha tenido nuestro cine en los últimos tiempos es la saga Torrente: El brazo tonto de la ley, la cual regresa ahora con una cuarta entrega en la que parece no haber habido ningún tipo de limitación económica (poca broma gastarse 10 millones de euros) y, ya antes de verla, todos dan por sentado que volverá a arrasar sin importar cómo sea realmente y, para ello, va a contar con una distribución récord.

La verdad es que hablar de un argumento en Torrente 4: Lethal crisis (crisis letal) es algo no demasiado apropiado, porque en todo momento la película apuesta por el hecho de que sus cameos y apariciones especiales sean los que sirvan como elemento de atracción para el espectador, pero bueno, una excusa argumental sí que hay. Torrente vive horas muy bajas (sí, aún más que antes) y ahora un viejo conocido le ha enchufado como responsable de seguridad en una boda de clase alta. Tarda bien poco en dar la nota y la celebración acaba siendo un completo desastre. Poco después otra vieja amistad le ofrece un trabajito: Asesinar a alguien, pero es todo un complot para que acabe en la cárcel, donde tendrá que idear como escapar de allí y también la forma de vengarse. ¿Lo conseguirá? Lo que puedo garantizaros que no faltan son explosiones, desnudos gratuitos, humor de mal gusto y comentarios racistas.

La gran novedad de la saga es que está rodada en tres dimensiones provocando eso un sobrecoste tanto en el presupuesto de la película como en el coste de la entrada de su cine más cercano (o al que uno quiera ir, vaya). ¿Se ve realmente reflejado en la película? Un no con pequeños matices es la respuesta más adecuada. Durante fácilmente el 90-95% del metraje la única aportación que ofrece es la incomodidad de tener que ponernos las gafas. Habrá quien diga que ayuda a ofrecer profundidad de campo en las escenas, pero eso no ofrece nada con mínima relevancia en el caso de Torrente 4. Y es que hablar de sutilezas en una película como la que nos ocupa es una pérdida de tiempo. Luego sí que hay un par de momentos que se nota el uso del 3D, pero prescindir de ellos no hubiese sido traumático.

No tengo del todo claro si soy fan de Santiago Segura o no. Si bien me gustan mucho sus comienzos (su Jistory: Santiago Segura corto greatest hits me sigue pareciendo la mar de divertido por no hablar de su enorme aparición en El día de la bestia) luego su carrera ha sufrido constantes altibajos y su sentido del humor me parece que hace mucho que ya tuvo su mejor época. Y eso es algo que también se ha reflejado en las aventuras de José Luis Torrente. De la simpática aparición sorpresa (Torrente-El día de la bestia) se pasa a apariciones un poco fuera del que parecía su ámbito natural (Torrente 2: Misión en Marbella-Muertos de risa) pero bien resueltas a un éxito decadente (Torrente 3: El protector-Isi&Disi) y concluye (al menos por ahora) en una reaparición sorpresiva (Torrente 4-El gran Vázquez), porque aún recuerdo su promesa de no hacer una cuarta entrega si la tercera no superaba a su predecesora, cosa que no logró.

El primer gran problema de la película es que sí hay que emparentarla con alguna de sus predecesoras es con la tercera entrega. La historia avanza a trompicones y lo hace de forma a la que poco le importa tener runa mínima credibilidad, pero al menos lo hace de un modo entretenido y le quede tiempo para incluir alguna broma graciosa por el camino, algo que no sucedía en su predecesora. El otro punto que llama negativamente la atención es que en una película como Torrente 4 el meter escenas de acción que intenten parecer serias (esa orgía explosiva final) resulta anacrónico y aburrido.

Dejaré de lado el comentar uno a uno todos los cameos por improductivo y destrozar las sorpresas que traen consigo (pero, por favor, si realmente hace una quinta entrega que deje de salir el señor Barragán, que a cada nueva entrega hace menos gracia) y hablar de Santiago Segura como Torrente tampoco creo que proceda mucho. El personaje ya no es el entrañable ser casposo de antaño (eso desapareció por completo en el “gag” en el que violaba a una chica en Torrente 3) y cada vez resulta más difícil entender que haya gente que lo tenga como modelo a seguir. Al menos no se nota desgana por parte de Santiago Segura. Ya como director me parece un error el haber convertido la saga en algo tan convencional donde el look casposillo de la primera no tiene el más mínimo reflejo en ésta, si es que parecen películas completamente distintas. Y en el guión reincide en otro de los errores de Torrente 3: El villano carece de carisma alguno y, además, es la mar de aburrido, siendo esto lo realmente imperdonable. Qué lejos queda ya la genial sobreactuación de José Luis Moreno en Torrente.

En algo que sí mejora respecto a su más inmediata predecesora es que sí, vuelve a utilizar a dos personajes como apañeros del protagonista, pero son más interesantes. Obviamente sí digo que Kiko Rivera lo hace bien merecería que me apaleasen, pero sí que conecta con el aire casposo que la saga nunca debió abandonar y su atontado personaje, si bien no llega ni por asomo a los niveles de Javier Cámara y Gabino Diego en las dos primeras entregas, tiene su encanto. No obstante, el gran acierto de la película es la participación de Yon González (Iván en El Internado por si hay quien no le ubica) como el protector de Torrente durante su paso por prisión. Divertido, exagerado (esa interminable pelea en la que aparece por primera vez en pantalla) y algo afeado, sencillamente lo borda en un papel para el que apenas tuvo unos días para prepararse. Y Tony Leblanc en su línea en la saga, aunque, al igual que casi todo lo demás, fue en las dos primeras entregas donde estaba más divertido.

En definitiva, Torrente 4: Lethal crisis (crisis letal) es una tontería enorme de película con una trama caótica y un desarrollo de guión demencial, pero resulta más entretenida de lo esperado tras la desastrosa tercera entrega y consigue sacarte alguna risa siempre y cuando no aborrezcas con todo tu ser este tipo de humor. De todas formas yo no recomendaría dejarse los euros en ir a verla al cine, porque además el añadido del 3D apenas ofrece algo relevante en un par de momentos.